Con Nicolás nos conocimos en Buenos Aires. Yo llegué hace trece años y él hace aproximadamente ocho. Él llegó desde París y yo desde una menos elegante (y mucho más pequeña) ciudad de la provincia de San Luis.
De alguna manera, nunca nos hubiéramos conocido si no fuera porque los dos sentíamos una gran curiosidad por esta ciudad. Curiosidad que, una vez instalados, se transformó en total fascinación.
Cuando Nicolás me dio a elegir una de sus series para escribir una reseña, no dudé en quedarme con 1/2 Sombras porque me trae hermosos recuerdos de ese deslumbramiento inicial que tuve -y todavía tengo- por Buenos Aires. Cuando miro esta serie me recuerdo recién llegada a la ciudad, caminando sola en pleno febrero por las calles de Monserrat, el sol partiendo el cemento e iluminando con esa luz blanca y enceguecedora de la hora de la siesta. Me veo parada en alguna esquina, contemplando el juego de luces de las media sombras en los estacionamientos, totalmente vacíos porque el resto de la ciudad estaba de vacaciones.
Entiendo que para muchos esta imagen no es más que un cliché. Una más entre tantas situaciones urbanas bastante obvias que han sido demasiadas veces relatadas, fotografiadas, dibujadas.
Pero Buenos Aires está hecha de esos clichés, y los disfruto tanto que estoy convencida de que en este contexto la idea del cliché es un gran prejuicio. También creo que por eso mismo es una bendición ser extranjero en esta ciudad, para poder fascinarse con ellos como un turista, y disfrutarlos, relatarlos o fotografiarlos sin reservas.
Me enamoré de esta serie cuando la vi por primera vez, mucho antes de que Nicolás me pidiera escribir este texto. Pero ahora que me siento a pensar en estas fotos me doy cuenta que no sólo me traen increíbles recuerdos de mi romance con Buenos Aires, sino que además superan ampliamente la belleza de las imágenes que recupera mi memoria que el mío.
Cecilia Rojo